- LXI -

By Francisco de la Torre

Títiro, al asomar de dos hermosos

luceros, con quien hace amor temerse,

vi los ojos de Tirsis encenderse

y andar tirando amor rayos furiosos.

Espera Tirsis, y ellos con piadosos

pero falsos descuidos dejan verse;

arde Tirsis, y ciega, y, sin valerse,

entran su alma enemigos engañosos.

¡Ay del estrago que el pastor cuidado

padeció sin razón mirando a Filis!

Olvida el prado y aún a sí se olvida.

Quéjase el cielo, y quéjase Amarilis,

también al cielo, su pastor trocado,

sin esperanza y con segura vida.