- LXIII - Al haber besado la mano de su dama un amante, padecía ansias mortales ...
Piedra compuesta de mortal veneno,
y aplicada a la herida de serpiente,
el tósigo letal cura, y ardiente,
chupando el mal, y entrándole en su seno.
No es mi dolor, de este dolor ajeno,
ni diferente no, de este accidente,
pues me miré morir eficazmente,
y en un instante ya me siento bueno.
Tu mano fue (dulcísima homicida)
piedra, o pedazo de cristal de roca
la que a mortal y venenosa herida.
Fue antídoto, tocándome en la boca,
con ella cobre aliento, cobre vida,
y huyó el veneno a diligencia poca.