- LXIII -

By Francisco de la Torre

Solo, y callado, y triste, y pensativo,

huyo la gente, con los ojos llenos

de dolor y de llanto, los serenos

ojos huyendo que me tienen vivo.

Allá queda mi espíritu cautivo

penando su pasión; y ello, ajenos

de su primer amor, los bellos senos

humedecen, llorando su hado esquivo.

Yo, que aguarde la luz de su belleza,

dentro del alma lleva el golpe fiero,

y allí me sigue donde voy su ira.

Gran bien quito a mis ojos; y el primero,

por quien llora mi alma su dureza,

es ver la pena que en su rostro mira.