- LXIV -

By Fernando de Herrera

De aquella ardiente luz y ardor luciente,

en quien los ojos abre el amor ciego,

centellas de suave y blando fuego

vuelan con alas de oro dulcemente.

Unas llegan al orbe, a do presente

Venus, estrellas puras forma luego,

que le ornan más, errando en bello fuego,

que el Héspero hermoso al Occidente;

Mas otras, descendiendo por mi suerte,

para darme valor al tierno pecho,

lo abrasan, condenado a eterna pena.

Yo pido, por envidia de mi muerte,

que en este corazón, de amor deshecho,

todas pongan mi alegre luz serena.