- LXIX - Al ver trocados los favores que mereció
Rendir la vida al sacrificio breve
de un incendio amoroso (Anarda mía)
si del afecto ha sido idolatría,
tributo es que a tu Deidad se debe.
Dichoso aquel, que tantos rayos bebe,
sin temor de que pueda la osadía
turbar de sus progresos la porfía
ni reducir su vuelo a helada nieve.
Si algún tiempo mi Amor fue venturoso,
ceniza es ya, que adquiere en la mudanza,
el perder de su ardor lo fervoroso,
si la Fortuna trueca la balanza,
que espero en este mar tan proceloso,
cuando otro toma Puerto en mi esperanza.