- LXIX -

By Fernando de Herrera

La luz serena mía, el oro ardiente,

en mil cercos lucientes dividido,

y en dulce nieve y púrpura teñido,

casa, el color suave de la frente,

canto, y como el ingrato Amor consiente,

ciego en su esplendor bello, estoy herido,

y oscurezco sus glorias ofendido

de tanto bien, con lira y voz doliente.

Oso, y aunque el deseo me levante,

el peso es grande, y culpa mi osadía

quien amara el peligro de mi pena;

mas el cielo cansó al soberbio Atlante,

y no es mayor su empresa que la mía,

pero si el vago error que me condena.