- LXIX -

By Francisco de la Torre

La blanca nieve y la purpúrea rosa,

que no acaba su ser calor ni invierno,

el Sol de aquellos ojos, puro, eterno,

donde el amor como en su ser reposa;

la belleza y la gracia milagrosa

que descubres del alma el bien interno,

la hermosura en donde yo discierno

que está escondida más divina cosa;

los lazos de oro donde estoy atado,

el cielo puro donde tengo el mío,

la luz divina que me tiene ciego;

el sosiego que loco me ha tornado,

el fuego ardiente que me tiene frío,

yesca me han hecho de invisible fuego.