- LXIX -

By Hernando de Acuña

Después, Amor, que me privó tu mano

de aquella vista en que vivía seguro,

es vuelto en escabroso estilo y duro

el mío, que antes era humilde y llano;

y en tal extremo, que si el más liviano

dolor que siento declarar procuro,

voy por áspera peña o alto muro

para haber de llegar al más cercano.

La lengua al pronunciar está turbada,

que en tantas tan dañosas ocasiones

cada cual se le ofrece por primera:

así sale la voz flaca y cansada,

y tan confusa de entre mil pasiones,

que de ninguna da razón entera.