- LXV -

By Gabriel Bocángel y Unzueta

Hasta que mueres tú, joven valiente,

el morir y el rendirse fue una cosa;

ya dos serán, pues muere y no reposa

ese primer cadáver y viviente.

Tan sólo tú, después de tu occidente,

dejas la Parca atenta y oficiosa

tan suspensa que ignora, temerosa,

si ella o tú padecéis el accidente.

¿A quién (pregunto yo) más que la vida

duró el valor? ¿Quién mereció difunto?

¿O fue envidiado cuando polvo incierto?

¡Oh prevención del hado nunca oída,

pues te reserva con tan nuevo asunto

ser inmortal para después de muerto!