- LXVI -

By Fernando de Herrera

Volved, suaves ojos, la luz pura,

si a esto da lugar vuestra grandeza,

y templad mi dolor, que la dureza

no cabe en vuestra inmensa hermosura.

La soberbia y desdén harán oscura

la mucha claridad de vuestra alteza,

y no es blasón de singular belleza

trocar en mal el bien de mi ventura.

Después que Amor dejó, serenos ojos,

por vos el celeste orbe, el dulce puesto

mejoró alegre en vos, y honró la tierra.

Mirad o no mi cuita y mis enojos

(¡tal es mi noble afán!), yo estoy dispuesto

para morir ufano en esta guerra.