- LXVII -

By Fernando de Herrera

El roto lazo había ya del muerto

fuego alegre del cuello sacudido:

mas fue en vano el reposo concedido,

y recreció mayor el desconcierto.

Amor a vuestros ojos trajo cierto

el corazón, y en ellos defendido,

allí encendió su flecha, allí herido

vos entregué mi pecho, al hierro abierto.

En la tibia ceniza resplandece

de vuestra dulce luz centella ardiente,

y su blando calor desata el frío.

¡Oh cuál venganza al justo rey se ofrece!

Porque ya vuestro ardor mi pecho siente,

y siente vuestro pecho el hielo mío.