-LXVII-
¿Para qué dime Marcia, te perfumas,
y en tantos alambiques y redomas,
de Pancaya destilas los aromas,
y al pájaro del Sol cuentas las plumas?
Si eres mujer común, no te presumas
empresas de Cartagos, y de Romas,
si tales son las que a tu cargo tomas,
para charco te bastan las espumas.
Que mal podrás del bálsamo Guineo
desmentir las ofensas al olfato
con todo lo fenicio y los Sabeo.
Mientras te taraceas cada rato,
que juntas en adúltero Himeneo,
al marfil terso, el ébano mulato.