- LXX - A la muerte de una buena mujer

By Luis de Góngora y Argote

Yace debajo de esta piedra fría

mujer tan santa que ni escapulario,

ni cordón, ni correa, ni rosario,

de su cuerpo jamás se le caía.

Trajo veintidós años día por día

un silicio de cerdas de ordinario,

ayunaba continuo a San Hilario,

porque nunca hilaba ni cosía.

Fue su casa un devoro encerramiento,

donde iban a hacer los ejercicios

y llorar sus pecados las personas.

Murió sin Óleo no sin testamento

en que mandó a una prima sus oficios

y a cuatro amigos cuatro mil coronas.