- LXX -

By Fernando de Herrera

Cuando el dolor desmaya al sufrimiento,

estoy de todo bien desamparado,

y sacudir del cuello quebrantado

pruebo el yugo inmortal de mi tormento;

mas, viendo el oro terso suelto al viento,

o entre sortijas bellas enlazado,

vuelvo alegre de nuevo a mi cuidado;

¡tal dulce me es por él el mal que siento!

Al ardiente crispar de dulces ojos

del tierno y puro amor hermosa llama,

descubro sin temor el pecho abierto.

Mal puedo yo negarle mis despojos

si blanda enciende y áspera me inflama,

y con el mal y el bien me tiene incierto.