- LXX -
Soberbio mar, si tu erizada frente
levantas, asaltando las estrellas,
y no midiendo tu quietud por ellas,
a su región te atreves indolente.
Las naves traga, que en el mar de Oriente
la envidia cargan de sus luces bellas;
o las que envuelto en míseras querellas,
el fruto logran de la zona ardiente.
Perdone tu furor una barquilla,
en quien del cielo la piedad invoco,
buscado a remo y vela su descanso.
Mas no le alcanza, quien a ti te humilla;
que estás al débil leño, atento, y loco,
y a fuertes naves temeroso, y manso.