- LXXI -

By Bartolomé Leonardo de Argensola

«Dime, Padre común, pues eres justo,

¿por qué ha de permitir tu providencia

que, arrastrando prisiones la inocencia,

suba la fraude a tribunal augusto?».

«¿Quién da fuerzas al brazo que robusto

hace a tus leyes firme resistencia,

y que el celo, que más la reverencia,

gima a los pies del vencedor injusto?».

«Vemos que vibran victoriosas palmas

manos inicuas, la virtud gimiendo

del triunfo en el injusto regocijo».

Esto decía yo, cuando riendo

celestial ninfa apareció, y me dijo:

«¡Ciego!, ¡es la tierra el centro de las almas?».