- LXXI -

By Francisco de la Torre

Ninfas, de los Arabios y Sabeos

olores de jazmín, acanto y nardos,

cuajad los aires y cubrir los cardos

de estos lugares de sepulcros feos.

Después que derribaron mis trofeos

las prestas Parcas y los hados tardos,

no parecen los cielos, de mil pardos

turbios velos que cuajan mis deseos.

Quiera la majestad del que gobierna

la divina y humana pesadumbre,

que adorne su beldad tu simulacro.

Dijo Damón, y oyó su endecha tierna

Júpiter, y, tronando en la alta cumbre,

Iris resplandeció y el cielo sacro.