- LXXI -

By Hernando de Acuña

Si a decirte verdad voy obligado,

don Martín, pues sé bien la de tu pecho

y estás de mi amistad tan satisfecho

cuanto yo de la tuya confiado,

te amonesto que dejes el errado

camino por do vas, que a poco trecho,

si le sigues, verás el mortal lecho

que para el sueño eterno está guardado.

No apacientes tu hato en la ribera

del pequeño Sebeto, aunque te sea

agradable su agua y campo llano;

mas huye de su ninfa Galatea,

que, aunque es hermosa, es cruda, ingrata y fiera.

No es Silvia, no, con su pastor Silvano.