- LXXII -

By Bartolomé Leonardo de Argensola

¿En qué veré que tú a mi llanto ahora,

Padre benigno, aplicas los oídos,

si el corazón que forma estos gemidos,

sus dulces lazos tiernamente adora?

¡Oh, rómpelos, Señor; que ya no es hora

de contemporizar con los sentidos;

que puesto que a su daño están asidos,

parte hay en mí que sus errores llora:

Bien veo que él resiste al favor tuyo,

mas perdonar a la cerviz sujeta,

eso, Señor, es de ánimos humanos.

El sacarlo de error mal grado suyo,

es obra digna sólo de tus manos;

mas ¡oh amor propio, oh lástima imperfeta!