- LXXII -

By Francisco de la Torre

Al asomar del Sol por el Oriente

de oro su frente y de cristal ornada,

al pie de un verde mirto, que colgada

tiene un alira inútil aún ausente,

Tirsis rompió el silencio, la doliente

voz desligando al alma encadenada

de los revueltos Áspides, que atada

tiene la fuerza de su pecho ardiente.

Cielo, dice, si es fuerza que yo muera,

como a muchos han muerto sus intentos

atrevidos, sin nombre y engañados,

un hombre triste soy como cualquiera;

pero los de tan altos pensamientos

siempre han sido del cielo derribados.