- LXXII -

By Hernando de Acuña

Pareciéndome flores los abrojos,

teniendo por atajo un gran rodeo,

corrí tras la esperanza y el deseo,

dejada la razón por los antojos;

mas la miseria humana y sus enojos

me mostraron en fin mi devaneo

de suerte que, no viendo, ahora veo,

que, yendo a despeñarme, abrí los ojos.

Desde entonces quedé considerando

de cuán débil materia era el cimiento

donde fundé mil pensamientos vanos;

y esfuerza mi flaqueza, procurando

seguir con obras al entendimiento,

mas, señor don Martín, somos humanos.