- LXXIV -

By Francisco de Borja y Aragón

De un monte baja un río despeñado,

al son de lisonjeros ruiseñores,

y en blando lecho de pintadas flores

recibe el huésped fugitivo el prado.

Corriendo llega al valle coronado

de ramas, y guirnaldas de colores,

y en él sus aguas sin crecer mayores,

le dejan en el Tajo sepultado.

Si el claro río su caudal entrega

el agua, que nació de un monte verde,

dichoso mira el fin de la jornada.

No así mi vida, que a tu engaño llega,

ingrata Filis, y su nombre pierde,

a sólo destruirse encaminada.