- LXXIX -

By Fernando de Herrera

Duro el pecho, y fue grande el sufrimiento

que enceló la crudeza de esta llaga;

mas bien no sé, mezquino, ya que haga

en el dolor esquivo que consiento.

Oso y fallece el ánimo al tormento,

de mi arrojado intento justa paga;

pero, aunque más la pena me deshaga,

acabará en silencio el sentimiento.

Tan grave el golpe fue, que el fiero arquero

de las purpúreas alas quedó ufano

viéndome atravesado las entrañas.

Temblé al furor que trajo y gemí; empero

después ¡oh simple yo! alabé la mano

ocasión de estas ásperas hazañas.