- LXXVI - Dice a Cintia lo que por ella padece
Hecho de piedra soy, pues que no lloro
Cintia, la pena de un rigor tirano,
cuando bajando de este Monte al llano
hallé en tus redes las prisiones de oro.
Suspenso el corazón, juzga que ignoro
la causa del sentir, pero es en vano,
pues confieso la herida de tu mano
a vista de la luz de lo que adoro.
Que importa, que en dureza convertido,
estén los ojos, si en el Alma han hecho
violento estrago en la oprimida calma.
Consuman sus arroyos los sentidos,
y abrasen en el Etna de mi pecho
el mal que no es capaz, sino del Alma.