- LXXVII -

By Fernando de Herrera

Alcé la vista acaso, descuidado

de mi futuro afán y cierta pena,

destejida del cuello la cadena,

que me trajo en mil males enredado;

y queriendo mirar ¡ay duro hado!

el puro ardor de aquella Luz serena,

en quien amor me inflama y me condena

y con sus flechas vibra el arco armado,

sus ojos en los míos se encontraron,

y con la fuerza de su fuego el pecho

sintió la aguda vira en las entrañas,

que no livianamente me abrasaron,

y el golpe fiero descendió derecho

a mostrar en mi alma sus hazañas.