- LXXVIII - A la ingratitud de Filida
Cuantas veces me rindo a la dolencia
de un tirano rigor que me maltrata,
y cuantas veces, Filida, me mata
la fuerza de tu esquiva resistencia.
Ya del tiempo veloz, en la inclemencia,
suspiro y lloro, y suspirando trata
mi gran dolor, con mi fortuna ingrata,
de que se encubra el mal de su violencia.
De la más pura Aroma, al vivo fuego
haré víctima, altar, y sacrificio,
porque en tus luces, Filida, halle el ruego,
sino piedad, ofrenda en su ejercicio,
que si he de estar entre sus rayos ciego,
con razón sentiré su desperdicio.