- LXXVIII -

By Hernando de Acuña

Amor, pues me guiaste a vela y remo

por el dichoso mar de la esperanza,

¿cómo permites que de tal bonanza

se levante fortuna en tal extremo?

Si el grado en mi esperar fuera supremo,

pudiérasle bajar con tal mudanza,

mas dime en qué fundaste tu venganza,

si tanto no esperé cuanto ahora temo.

Responder se me puede de tu parte

que todo lo que digo y lo que siento

es tratar de razón do no hay ninguna;

mas quiero en pago de esto asegurarte

que nunca mudarán mi pensamiento

tu bonanza jamás, ni tu fortuna.