- LXXXI -

By Francisco de Borja y Aragón

Gracias al cielo venerable Tajo,

que beso las arenas de tu orilla,

pisando ya los campos de Castilla

con más sosiego, y con menor trabajo.

Sin ver, que bese el intratable bajo

del corvo pino la ofendida quilla

y que con indolente maravilla

se arroje el Ebro de la esfera abajo.

Entre estos, otro tiempo, verdes sotos,

y ahora estéril selva fatigada,

del cano peso de la escarcha, y nieve.

Ni envuelto miro el mar con leños rotos,

ni por ver la tormenta sosegada,

pagar el miedo lo que el seso debe.