- LXXXII - A una dama que se peinaba

By Juan de Tassis y Peralta

En ondas de los mares no surcados

navecilla de plata dividía;

una cándida mano la regía

con viento de suspiros y cuidados.

Los hilos que, de frutos separados,

el abundancia pródiga esparcía,

de ellos avaro, Amor los recogía,

dulce prisión forzando a sus forzados.

Por este mismo proceloso Egeo

con naufragio feliz va navegando

mi corazón, cuyo peligro adoro.

Y las velas al viento desplegando,

rico en la tempestad halla el deseo

escollos de diamante en golfos de oro.