- LXXXII -

By Hernando de Acuña

Ribera un dulce río, a mediodía,

con un peine de plata se peinaba

cabellos una ninfa que quitaba

con ellos el poder que el sol tenía.

Y así podéis juzgar que sentiría

un pastor que de lejos la miraba,

que sin poder llegar donde ella estaba,

con suspiros y lágrimas decía:

«Si tantas como tú tienes cabellos

tuviera vidas yo, me las llevaras

colgada cada cual de uno de ellos;

y pues que tú a quitármelas bastaras,

verás no es mucho darte una por vellos

de tantas como en tantos me quitaras».