- LXXXIII - Al Ave Fénix
No ofende el rayo al culto reverente
que de olores Sabeos construido,
mira desde su cuna el encendido
sepulcro, que erigió vistosamente.
Si Fénix muere en esta hoguera ardiente
labrando a un mismo tiempo, Pira, y nido,
viéndose a nuevo ser restituido,
el solo halló remedio a este accidente.
Ya no es morir asombro, si eterniza
en tu incendio, la gasa de sus plumas,
vinculando a su fin sus duraciones.
Lucida pompa fue, la que hoy ceniza,
aliento inspira, y en grandezas sumas
rinde al Sol en su ofrenda adoraciones.