- LXXXIII - Al padre Francisco de Castro, por su libro de retórica
Si ya el griego orador la edad presente,
o el de Arpinas dulcísimo abogado,
merecieran gozar, más enseñado
éste quedara, aquél más elocuente,
del bien decir bebiendo en la alta fuente
que en tantos ríos hoy se ha desatado,
cuantos en culto estilo nos ha dado
libros vuestra retórica excelente.
Vos reducís, ¡oh Castro!, a breve suma
el difuso canal de esta agua viva;
trabajo tal el tiempo no consuma,
pues de laurel ceñido y sacra oliva
hacéis a cada lengua, a cada pluma.
Que hable néctar y que ambrosía escriba.