- LXXXIII - Enfermedad de amor, no se cura con favores
Tiento fue ya, que las entrañas mías
con el Fuego colérico lucharon;
tiempo que con el Aire pelearon
mis labios, noches suspirando, y días.
Tiempo fue, que del alma las espías,
en el mar de mi llanto navegaron,
y que a la seca Tierra, le usurparon
la pesadumbre, y las melancolías.
Mas hoy el viento calmo, el mar quiero,
la tierra (a mi placer) restituida
no alcanzo instante de quietud perfecto,
que pues que el viento cese (si está sida)
no cesa, llama que arde en lo secreto,
ni sana dulce filo, abierta herida.