- LXXXIV -

By Fernando de Herrera

Aquí do lloro en ti, fiel desierto,

y aquejo con mi llanto el son del río,

vi la luz y belleza y amor mío

en la serena noche al cielo abierto.

Esperé entonces vida, espero, muerto,

sepulcro ahora en este asiento frío,

y en el aliento último que envío,

perdón humilde haber de quien me ha muerto;

porque a tanta grandeza y hermosura

fue mi error temerario, y justa pena

la muerte, aunque menor que mis tormentos.

Mas nunca mi memoria será oscura;

que amor no siempre a olvido me condena,

pues muero osando grandes pensamientos.