- LXXXIV -

By Hernando de Acuña

Pensando en su ganado, a la ribera

del mar, y no de amar, Silvano estaba

seguro, porque el triste no pensaba

que en él toda su fuerza Amor pusiera,

cuando vio a una pastora que pudiera,

con sólo la hermosura que alcanzaba,

hacer que, cuando el sol se nos mostraba

más claro, muy oscuro pareciera.

Quedó el pastor de sólo aquesta vista

herido de la muerte que aquí pinto,

con lágrimas los prados él bañando,

diciendo: «No hay sujeto que resista,

pastores, a mi mal, porque el distinto

que tengo se me va, triste, acabando».