- LXXXV - Pide un no, causa de su muerte, para remedio de su mal
¿Comenzaré con los suspiros míos,
divina Fénix, tus humanas quejas?
¿Comenzará mi voz en tus orejas
mas siempre sordas, que peñascos fríos?
¿Comenzarán mis lágrimas, dos ríos,
que corran en presencia de tus rejas?
¿Acabará mi amor (pues que le dejas)
a manos de mis fuertes desvaríos?
¡Ay, dura ingrata, ay corazón de nieve!
Negarme un sí, pues me negaste tantos;
que él inspira mi vida larga, o breve.
Niégame un sí, que amor con sus encantos
hace que un no, que mis desdichas mueve,
pueda, al presente reposar mis llantos.