- LXXXVI -

By Bartolomé Leonardo de Argensola

Sólo ofende el agüero a quien lo advierte;

véncelo, o no lo adviertas, Lauso mío;

que horrible (no fatal) su poderío

tanto excede al incauto como el fuerte;

y pues tu estimación podrá ofenderte,

refórmala con fuerza o con desvío;

que a la luz o al error del albedrío

se elige o se fabrica nuestra suerte;

cuya interpretación no la confía

al sordo caso aquella providencia

que a libertad y a imperio corresponde.

Alcemos pues con tiempo la licencia

al curioso temor; vamos por donde

nuestra animosa ceguedad nos guía.