- LXXXVII -

By Francisco de Borja y Aragón

Perdiste, o Clori, la mayor riqueza,

que el cuerpo tiene, y la mejor del alma,

igual en todo a la divina palma

corona de tu Angélica belleza.

Y un solo honor, que a nuestra vil flaqueza,

concede el cielo, que piadoso acalma

el mar común, que no consiente calma

sino le enfrena celestial pureza.

Corrida estás, pues yo afrentado quedo

de ver en mano súplica oprimida

la hermosa flor, admiración del prado.

Cobre el error en tus desdichas miedo;

que a veces nace del temor la vida,

y aciertos nobles del amor errado.