- LXXXVIII - A los que dijeron contra las Soledades
Con poca luz y menos disciplina
(al voto de un muy crítico y muy lego)
salió en Madrid la Soledad, y luego
a Palacio con lento pie camina.
Las puertas le cerró de la Latina
quien duerme en español y sueña en griego,
pedante golfo, que, de pasión ciego,
la suya reza, y calla la divina.
Del viento es el pendón pompa ligera;
no hay paso concedido a mayor gloria,
ni voz que no la acusen de extranjera.
Gastando, pues, en tanto la memoria
ajena envidia más que propia cera,
por el Carmen la lleva a la Victoria.