- LXXXVIII -

By Francisco de Borja y Aragón

La envidia de una Reina despreciada,

la soberbia de Amán fiero enemigo;

a un Rey, que entre su enojo, y su castigo

sólo interpone la sangrienta espada.

De Dios Ester, y de virtud armada

resistes, siendo Asuero fiel testigo,

del afrentoso ruego del amigo,

sediento de la sangre amenazada.

Si del pueblo Gentil viva figura

tu suerte fue, si del confuso Hebreo,

basta engañada entre sus ritos vanos.

Venció debidamente tu hermosura,

que el cielo ha consagrado a su trofeo

calumnias y rigores de tiranos.