Madre y fiera

By Mercedes de Velilla Rodríguez

A su ley te rindió Naturaleza,

de la pasión irresistible al grito,

y huyes del mundo, juez de tu delito,

a ocultar tu desdicha y tu flaqueza.

Un inocente que a vivir empieza,

sin nombre, sin hogar, quizás maldito,

yerto y temblando, cual jazmín marchito,

sobre tu pecho inclina su cabeza.

Reanímale el calor de tus abrazos;

que si es acusador de tu caída,

tu alma sujeta con amantes lazos;

y en tu misión augusta, ennoblecida,

sufriendo por su amor, desde sus brazos

puedes volver al mundo redimida.