MANUEL BERNABÉ – II
En Madrid, como aquí, pruebas radiantes
de excelsitud dio tu laúd sonoro
hecho de nácar y de cuerdas de oro,
por sus cánticos bellos y vibrantes.
Doquiera declamaste, delirantes
ovaciones y más alto decoro
ganaste, para envidia del canoro
ruiseñor sin par entre aves cantantes.
Procer declamador, si como en vida
cantado hubieras versos placenteros
al llegar al Empíreo, los querubes
te habrían dado ardiente bienvenida
bajo artísticos arcos de luceros
y entre columnas de rosadas nubes!