María Stuart

By Manuel Reina

Pálida la color, en la alba frente,

un surco que revela el desconsuelo,

la azul pupila dirigida al cielo,

el paso firme, el ademán prudente,

baña su hermosa faz el llanto ardiente

Marcado en su semblante está el desvelo,

y un vestido de negro terciopelo

aprisiona sus formas ricamente

Así María Stuart camina lenta,

el pudoroso pecho destrozado,

a la picota lúgubre y sangrienta;

y al rodar su cabeza en el tablado,

rodó en el suelo, para eterna afrenta,

el nombre de su prima deshonrado.