Meridiano durmiente

By Julio Herrera y Reissig

Frente a la soporífera canícula insensata,

la vieja sus remiendos monótonos frangolla;

y al son del gluglutante rezongo de la olla

inspírase el ambiente de bucólica beata.

En el sobrio regazo de la cocina grata,

su folletín la cándida maledicencia empolla,

hasta que la merienda de hogaza y de cebolla

abre un dulce paréntesis a la charla barata

Afuera el aire es plomo Casiopea y Melampo,

turban sólo el narcótico gran silencio del campo

Ella, la muy maligna, finge torpes enredos,

como le habla al oído de divinos deslices

y así el tiempo resbala por sus almas felices,

como un rosario fácil entre unos bellos dedos.