Mi pequeñez

By Francisco Javier Ugarte y Pages

Dondequiera, Señor, miro tu mano

que me ampara benévola y me guía:

sin tu fecunda protección sería

mi anhelo estéril y mi esfuerzo en vano

Bajando de las cumbres hasta el llano

como el alud que la tormenta envía,

juguete de los vientos rodaría,

privado de tu auxilio soberano.

Mas ya a inquietarme y confundirme empieza

esa tenaz abrumadora duda:

¿merece el pecador que tu grandeza

a remediar su pequeñez acuda,

y te apiades, Señor, de su flaqueza

y solícito vengas en su ayuda?.