Mi soneto

By Vicente Méndez Roque

Mi triste compañera, la Santa Poesía,

esa madrina trágica y terrible y funesta,

me ha enseñado hace tiempo las lágrimas que cuesta

el tener un instante de olvido y de alegría

Llevado de la mano de la Melancolía,

he subido del mundo por la empinada cuesta,

mas siempre he caminado con mi oriflama enhiesta

aunque el triunfo se aleje y jamás me sonría

Las espinas han sido siempre más que las rosas;

pero me han deslumbrado las auroras radiosas

y el traicionero encanto del lejano laurel.

Y al cabo, ¿qué me importan las envidias mezquinas?

¿No tuvo Jesucristo su corona de espinas

su amargo vía-crucis y su esponja con hiel?