Ni a Bruto ni a Casca

By Federico Bermúdez

¡Con ímpetu febril se alzó una mano

armada del Puñal, y a golpe fiero,

cayó, bajo el ultraje del acero,

como un ídolo roto, el Soberano!

El pueblo aplaude la resuelta mano

y bendice febril el golpe fiero,

y grita, triunfador: ¡Hurra el acero!

y prorrumpe, infeliz: ¡murió el Tirano!

Y, pasó que después del negro oficio,

después del lamentable sacrificio,

al remover la cresta del pantano

se vio, con gran asombro para el mundo,

que la limpieza del pantano inmundo,

¡se concretó a la muerte de un gusano!