¡NO ME QUIERAS!
Mi hogar, entre las cañas escondido,
turbó un día la música divina
de tu amor que, en el bosque florecido,
tuvo arrullos de enferma golondrina.
En mi pecho infeliz donde una gota
de cicuta fatal puso el dolor,
sentí vibrar como doliente nota
reminiscencias de un lejano amor.
No avives la tristeza que se caima,
ni despiertes la fiera que se aduerme..
Sólo quiero del bosque la quietud.
;En mi retiro, solitaria palma,
resistirá a los años, siempre inerme,
el viejo amor que canta mi laúd!