No pises, no; detén el pie de nieve...
No pises, no; detén el pie de nieve;
no pises esta desmayada rosa,
que a los claveles de tu boca hermosa
la ya marchita púrpura les debe
Esta, que poseyó cetro tan breve
del prado en la república olorosa,
hállete, oh Nise, alguna vez piadosa
si tu retrato a lástima te mueve
Pero si acaso enternecida lloras
la muerte de una flor, oh dueño ingrato,
por ser copia gentil de tus auroras,
Nise, Temed; en que, en tan breve rato,
sin la prolija guerra de las horas,
falte el original como el retrato.