NUESTRO DON JUAN TENORIO
Es algo que deslustra el libro de la gesta,
ese espíritu inquieto de nuestra juventud,
cuando en noches de luna con el puñal se apreste
íi desfacer entuertos en la mano el laud;
cuando en noches de luna, muy tranquilo y sin prisar
canta Don Juan sus coplas desbordantes de amor,
¡presto a vender el alma por la dubia sonrisa
De Katty o de Eduvigís, de Esther o de Elynor.
Despreocupado, nuestro joven Don Juan Tenorio
trepa las tapias del mismo Reformatorio
que en su locura es como un castillo feudal,
con su ukalele llama a la inclusa y ufano
la corteja y la, besa, mientras en la otra mana,
tras las espaldas blande, un siniestro puñal...